Mi Niño Curro (Rondeña) (Paco de Lucia)
“Ronda alta y honda, rotunda, profunda, redonda y alta…”
Juan Ramón Jiménez
10:30 Cata “Confesiones del Abad”. Dirigida por Ángel Moya (Sarko). Constará de los siguientes vinos:
Philipponnat Clos de Goisses 1991 Champagne
Chave Hermitage Blanc 2001 Ródano Norte
Joseph Drouhin Montrachet Marquis de Laguiche 1999 Borgoña
Mas Doix 2004 (Mágnum) Priorat
Henri Bonneau Cuvée Marie Beurrier 2001 Ródano Sur
Clos de Tart Grand Cru 1995 Borgoña
J.J. Prum Wehlen Sonnenuhr Riesling Auslese GK 1979 Mosel
Château d’Yquem 1990 Sauternes
13:30 Visita a la plaza de toros de Ronda y aperitivo en el palco con Palo Cortado Cardenal (Valdespino) y unas finas lonchas de jamón ibérico cortadas por Leocadio Corbacho.
14:30 Comida en Tragatapas ideada por el dúo Fernando Angulo/Benito Gómez.
Aperitivos del día (según mercado, según cocina)
Champagne Diebolt Vallois Blanc de Blancs
Ostras gillardeau y caza
Champagne Vouette et Sorbée Cuvée Fidèle
Salteado de vainas con jamón de bellota, trufa y setas
A. Christmann Pfalz Riesling Idig 2005
Ravioli de conejo con manzanilla La Bota 16
La Bota de Amontillado nº 9
Lomo de bacalao con el guiso de sus pieles y sus tripas
Chateau de Fonsalette Blanc 1999
Molleja de ternera lechal breseada
Kilikanoon Prodigal Grenache 2003
Cítricos, yogur con aceite de oliva
Bürklin Wolf Pflaz Rechbächel (M) Auslese 1998
Tatín de manzana -clásico- con nata fresca
Baumard Coteaux du Layon Clos Sainte Catherine 2006
18:00 Atardecer en la Ciudad Soñada con La Bota nº 19 de Cream (Equipo Navazos).
Precio: 495 €. Las reservas quedarán confirmadas con el pago del 50% de la misma.
Plazas limitadas a 14 asistentes.
Lugar: Ronda.
Fecha: Sábado 24 de abril de 2010
Hora de comienzo: 10:30 horas
Hora de final:…
Condición vital: Respeto.
Soñando eternamente en Ronda un 24 de abril de 2010…
Ronda es mi luna
mi vida, mi penumbra
donde reposa y deambula
la luz de mi amargura.
Encumbre de soledad
rumor de silencio
piensan los vinos
que transitan con sosiego.
Takkuruna y Taifa
Soñada, buscada y encontrada,
pernoctar en mi secreto
reposar de bandolero.
Embrujo y hechizo,
arte, magia, misterio.
Gótica y renacentista,
musulmana, romana, cristiana.
Ronda es bandolera,
Ciudad Soñada torera.
Nací en Ronda, en esa ciudad mágica, antigua, tierra elegida, ciudad torera y de toreros. Los celtas la establecieron con el nombre de Arunda en el siglo VI a.C, y unos cuantos años más tarde, los romanos comenzaron un periodo de cambios sociales y políticos en la Serranía que llevaron a convertirla en una de las ciudades más importantes del territorio bético, llegando incluso a gozar los habitantes de Acinipo de los mismos privilegios que los ciudadanos del Imperio de Roma. El castillo de Laurus es levantado durante este periodo como símbolo estratégico de la defensa ante las tribus celtiberas y los pueblos invasores (los suevos, los vándalos y los alanos), que como nos diría Borges “destruyeron aquí Ronda en la delicada penumbra de la ceguera un cóncavo silencio de patios un ocio del jazmín y un tenue rumor de agua, que conjuraba memorias de desiertos”.
Más tarde, los visigodos ejercieron como enlace de unión hasta la llegada de los musulmanes, artífices de un dilatado legado cultural, el asiento de lo que más tarde se convertiría en Takuruna, reino independiente. Algunos siglos después, los monjes y sus vinos habitaran Ronda por un día, serán solo unas horas de ocupación que terminaran con el anochecer sobre el Puente Nuevo. Una jornada que comenzará con una mítica cata llena de misticismo, delirio y romanticismo y que estará dirigida por el Abad Angel Moya, encargado de explicarnos ocho vinos cargados de pequeñas historias y colosales sincronías. Cada rincón, cada sonido, cada bello recoveco de piedras y de historia guiaran a unos vinos que sin duda convertirán el instante en poesía, en susurros de silencio. El lugar escogido para la cata es el Convento de Santo Domingo, un edificio que es un compendio de estilos góticos, mudéjares y renacentistas fundada por los Reyes Católicos tras la reconquista de Ronda y entregado a los frailes dominicos bajo la advocación de San Pedro Mártir. Allí daremos rienda suelta a la imaginación, lloraremos y reiremos, nos emocionaremos y haremos un viaje mental a esas tierras vitícolas siempre conmovedoras e indulgentes.
Cuando nuestros cuerpos hayan entrado en una extraña armonía con las creencias, nos iremos a visitar la plaza de toros con más historia del mundo de la mano de Carmen Alcalde, famigliar y directora del museo de la Maestranza rondeña. La visita finalizará con la cata del Palo Cortado Cardenal en el palco de la propia plaza, donde recordaremos esas tardes del Maestro Antonio Ordóñez con el compás de un vino anciano y universal.
“Plaza de toros de Ronda,
temprana luna que anilla
la múltiple maravilla
de la ciudad alta y honda;
luna de piedra redonda,
caída como una flor
de oro, en la piedra, el verdor
de la altiva serranía;
¿qué será, luna bravía,
de tu mágico fulgor?”
Pedro Pérez Clotet
Justo después de este mágico aperitivo, pasearemos por esas callejuelas de misterio de las que hasta James Joyce quedó maravillado en cada uno de sus paseos: “Ronda, con las viejas ventanas de las posadas los ojos que espían ocultos detrás de las celosías para que su amante bese los barrotes de hierro y las tabernas de puertas”. Una vez terminada la comida, buscaremos un rincón especial donde volveremos a dar rienda suelta a nuestra imaginación y continuaremos conociendo la ciudad de Ronda. Le haremos caso al poeta Luis Cernuda cuando nos decía: “paseando por Ronda al atardecer, los cipreses, los palacios y un cielo de color inexpresable, ni gris perla, ni plata; una sospecha de levísimo celeste que cierta fuerza blanca de la luz borraba y compensaba con su irradiación”.
El mayor orgullo de un rondeño es mostrar al mundo esta ciudad inmortal e inolvidable.
7 respuestas hasta ahora ↓
1 eldi // Feb 23, 2010 a las 18:27
Quien fuera millonario de tiempo y dineros para poder asistir. Ese Prum del 79 , y el D’Yquem del 90 me dan especial envidia. Y esa bota de Cream es como el agua en Sevilla, una pura maravilla, que descubre un fondo fresco y salino bajo un manto de tiempo que se hace eterno en la boca. Lo dicho, qué envidia.
2 Fernando Angulo // Feb 23, 2010 a las 21:32
Eldi, yo también ansío por ese duelo al sol: J.J. Prum vs. d’Yquem en dos añadas mágicas.
La Bota de Cream es el más rancio y clásico de las últimas botas del Equipo Navazos. Un vino que muestra en nariz lo que es una bota de Jerez, lo que es un despacho jerezano. Es un vino de corte currista.
3 Ainur // Feb 27, 2010 a las 0:59
Una pinta estupenda esta jornada rondeña, y con un don tan generoso como tenemos con su tierra y sus vinos, seguro que sera una experiencia para todos los que se apunten.
Hablando de vinos, algunos de los que he probado recientemente:
- Clos Windsbuhl Gewurtraminer 2004. Una maravilla, me sorprendio lo suave y la acidez del vino, no tan dulce como cabria esperar de esta uva. Muy bueno.
- Henri Bonneau et Fils, Le Roulierss. Vin de table. Bueno para diario con buena RCP.
- Domaine a et P. De Villaine Mercurey. Les Montots 2008. Regular y caro para lo que ofrece. Es un borgoña.
- Enrique Mendoza Shiraz 2006. Esta uva es de Francia, se nota.
- Domainr Michel Lafarge. L´Exception. Bien. correcta RCP.
- Champagne Gonet Rey Soleil. Muy fresco, muy bueno. Un fantastico blanc de blancs para hidratarse en lugar de agua.
- Grans Fassian 1999. Trittenheimer Apotheke Riesling Auslese. Palabras mayores, extraordinario.
- Kilikanoon Prodigal Garnache 2003. Muy bueno, diferente, muy afrutado. Los que vayais a la jornada de Ronda lo disfrutareis, de los mejores tintos que he probado ultimamente.
4 Fernando Angulo // Mar 2, 2010 a las 14:30
Gracias por los apuntes de los vinos Ainur. Henri Bonneau es el productor más peculiar del Ródano y un personaje curioso y enigmático que engrandece al mundo del vino, al mundo de la diferencia. En el blog de Víctor Franco (Polakia) tienes una gran definición de este vino y de lo que es en general este productor de culto. Te cito a continuación partes del artículo que puedes leer en su totalidad en el link http://www.polakia.com/2007/08/vdt-les-rouliers-de-henri-bonneau.html:
“…la filosofía ultratradicionalista de sus elaboraciones han tenido el beneplácito de la crítica internacional, especialmente de Robert Parker, quién visita anualmente su rústica bodega, situada en pleno centro del pueblo, definiéndolo como una de las personalidades más convincente dentro del mundo del vino, de buen ego, con un peculiar sentido del humor, representando el anticristo para los modernos enólogo”.
“Henri Bonneau, defensor a ultranza de la grandeza de la Garnacha, trabaja unas 6 hectáreas de viñedos centenarios en La Crau, dejando que su fruto madure en la planta hasta octubre, con el mayor grado de madurez posible. En la bodega, de instalaciones imposibles, se realizan maceraciones largas, con el uso de foudres y barricas de madera usada, realizando largos periodos de crianza, con pocos trasiegos y embotellándose sólo cuando Henri cree que deben comercializarse, sin filtrar (tranquilamente pueden pasar cinco años o más desde la vendimia para comercializar su cuvée más buscada, la Réserve des Célestins)”.
“Visualmente se muestra como lo que es, granatosamente brillante y vivo, pero con un toque ligero en el movimiento, sin presentar excesiva capa. Su nariz es fragante y floral, con la fruta acomodada por la crianza, dando notas de ciruelas negras. Se trata de una nariz sólida, directa y franca, con muy buena armonía y sin estridencias. En boca es más ligero de lo que me esperaba, con una sensación sápida que invita a comer con él. Paso en boca satinado y sin aristas. Se nota ya pulido y listo para disfrutar, con una más que correcta acidez”.
5 Fernando Angulo // Mar 2, 2010 a las 14:30
Por cierto, entre las geniales frases que nos regala Bonneau, hay una que me gusta especialmente: “No soy un enólogo, si hubiera querido ser rico y estar seguro, trabajaría para el gobierno”.
6 Espeto // Mar 3, 2010 a las 11:36
Fernando, aunque no te suelo colgar aquí las crónicas de restaurantes, te pongo hoy una por su interés enológico. Para ese proyecto que tenemos:
ASTRANCE. El feudo de Pascal Barbot, el lugar de moda en París, el tres estrellas más peculiar de la ciudad y una de las mesas más deseadas del mundo. Todo eso es L’Astrance. Si ya fue una suerte conseguir una mesa, más aun lo fue que nos acomodasen en una de las grandes con sofá, con algo de intimidad. Con estas buenas sensaciones y un extraordinario pan de masa madre y mantequilla casera, comenzamos nuestro menú sorpresa con vinos:
Al magnífico champagne Deutz 1988, le acompañaron dos aperitivos interesantes: por un lado un brioche con crema de trufa blanca y pistachos y, por otro, un “macarron” de almendra con manzana verde y praliné. Muy originales, buscando jugar un poco con las texturas.
A continuación, una velouté de coliflor con yogur con granos de mostaza y leche de curry y cúrcuma. Un plato algo confuso, con los sabores pisándose entre sí. No me gustó. Muy bien acompañado, eso sí, por un Domaine L’Ecu Muscadet Sevre et Maine “Granite” 2006 de Guy Bossard. Un vino que conocía a través de Weirdo y que me parece una de las mejores rcp’s que se puede conseguir en un blanco ligero.
Seguimos con el estupendo milhojas de foie gras marinado con verjus, champiñón de París en finísimas láminas y paté de limón confitado. Un clásico de la casa que justifica su fama y que acompañamos con un estupendo blanco del Loira, el Domaine Jo Pithon Savenniéres “Croix Picot” 2006, aunque yo hubiese elegido algo ligeramente más dulce.
Francamente buenas las vieiras doradas con un caldo de ostras y mantequilla de kombu, un plato bien integrado, muy salino, que acompañamos con un curioso Palladius 2005 sudafricano, un peculiar coupage de chenin blanc, garnacha blanca, viognier y chardonnay. Con este mismo vino, una interesante visión de una sopa tailandesa: el pez de San Pedro con pasta de coco picante, espinacas, pulpo y caldo de bogavante. Un plato rico, pero confuso, con muchos ingredientes solapándose que no terminan de combinar.
Impresionante el “plato siciliano”, una panceta de cerdo confitada servida con una ensalada de berberechos, ostras, cilantro, aceitunas, alcaparras, anchoas y tomate con puerros jóvenes y achicoria. Un plato muy complejo que funciona sorprendentemente bien y que, quizás, fue el mejor de la noche. Junto a él, otro acierto del excepcional sumiller, un Domaine Valette Pouilly Fuissé “Clos Reyssié” 2001. Un buen vino que, sin embargo, hizo peores migas con la extraordinaria alcachofa cocinada a la trufa negra con pomelo, albahaca y puré de nueces y parmesano, simulando un pesto. Otra combinación imposible de sabores de la que salió airoso el cocinero y que, de hecho, fue el otro gran plato de la noche.
Más clásico fue el pato sangrante (qué producto) con apio joven, puré de cerezas amargas y un jugo de pollo asado, con el que nos sirvieron un borgoña clásico también, el maravilloso Louis Jadot Gevrey Chambertin “Clos Saint-Jacques” 2001.
No me gustó tanto algún postre, como el helado de vainilla con puré de patata o el sorbete de lemongrass con chile. Mejor el sorbete de limón con polvo de biscotti. Sorprendente, desconcertante, único, el Jacques Selosse Ratafia de Champagne “Il etait une fois”, un vino licoroso del que, generosamente, nos permitieron repetir. Toda una rareza.
Estupenda y muy original también la selección de petit fours que acompañaron al café. En especial, muy rico el ponche de huevo con jazmín o el pastelito de limón con jugo de cítricos.
Mención aparte para Cristophe Rohat, el extraordinario jefe de sala y sumiller. Atento, cercano, simpático y con ganas de enseñar. Su selección de vinos es de lo más inteligente que me he encontrado nunca. Sin embargo, fallaron algunas cosas: falló el servicio, con problemas en los tiempos entre plato y plato, falló también el servicio del vino que con la sala así de llena debería delegarse en algún segundo sumiller y nos pareció algo fría la decoración de la sala. Fallos puntuales que, en cualquier caso, no deben ser admisibles en un restaurante de esa categoría.
En resumen, una cocina distinta que no deja indiferente. Mi opinión personal es que a Barbot no se le puede discutir el atrevimiento y la rebeldía en una ciudad donde lo que triunfa es una cocina mucho más clásica y encorsetada. Sin embargo, a mi juicio, se queda un poco a medio camino. O dicho de una manera más positiva, tiene un buen camino que recorrer por delante para explorar por dónde va a caminar la cocina francesa de los próximos años. Quizás parezca una barbaridad, pero da toda la impresión que a Barbot lo han encumbrado con demasiada prisa. Honestamente, no creo que hoy por hoy resista la comparación con alguno de los que juegan en la misma categoría.
7 Fernando Angulo // Mar 3, 2010 a las 13:33
Sr. Espeto, si no cuelgas más crónicas de restaurantes aquí es porque no quieres, ya sabes que es un placer leerte y aprender de ti. Y anuncio que ese proyecto que tenemos a medias es que en este blog se puedan leer todas tus extraordinarias crónicas en un futuro, todas perfectamente ordenadas según ciudades y restaurantes. Estamos cerrando el acuerdo, solo faltan los últimos flecos que tienen que ver con la duración del contrato y a la cláusula de rescisión que te vamos a poner para cuando vengan los de la Michelín a intentar ficharte.
Es una delicia ver qué existen restaurantes con este trato por el maridaje y por los vinos. Y sé que esto podría llevar detrás, la coletilla de “claro, pagándolo…”. Pero es que ni pagando en muchos restaurantes de los grandes de España, te preparan un menú maridado de ese calibre y esa originalidad.
Y dicho todo esto, Pitu Roca sigue siendo un dios incomparable en todos los restaurantes del mundo en su arte, en su imaginación, en su talento.
Poner un Deutz del 88 de aperitivo con la espectacularidad de la añada ya me parece sin duda una declaración de intenciones. Por otro lado, estamos de acuerdo con l’Ecu, creo que debe ser uno de los tres o cuatro mejores vinos RCP del mundo. También me da la sensación de que yo hubiera hecho algunos cambios en el maridaje que irían muy en la línea de lo que tú piensas: El Jo Pithon mucho mejor que hubiese sido un Coteaux du Layon y para esa alcachofa con trufa negra, seguro que unas gotas de un Palo Cortado anciano le hubieran venido de maravilla.
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