Para los que no lo hayan hecho, es recomendable leer la Primera parte de la Definición Enópata antes de ver este post.
Zigeunerweisen (Anne-Sophie Mutter)
Los enópatas más comunes, suelen ser hombres (con honrosas excepciones) de naturaleza generosa, voraz y excesiva, solo tienen un depredador conocido, aunque de tremenda efectividad, este es el bípedo menstruador (vulpes vulpi), extendido por todo el orbe y dotado de letal mordedura. Cuando captura a su presa -a veces con pasmosa facilidad-, suele segregarla del grupo, y tratar de domesticarla (misión imposible), solo en raras ocasiones se han verificado cambios dramáticos en el comportamiento del enópata, llegando en casos extremos a dejar de beber compulsivamente, aunque dicha situación se invierte en un breve espacio de tiempo, recuperando rápidamente su nivel de polifenoles en sangre (la cabra tira al monte). Afortunadamente el antinatural estado de abstención, es totalmente reversible y no hace falta (la mayoría de las veces) ni siquiera tratamiento psiquiátrico, el retorno al feliz estado inicial suele producirse espontánea y rápidamente. También se podrían considerar como sus depredadores naturales -aunque en menor medida-, a los bodegueros voraces y a los enólogos lenguaraces, esos que tratan sistemáticamente de engañáramos tomando atajos y que ponen los precios de los vinos a voleo, con exceso, sin piedad, hacia esta apreciada especie en vías de extinción.
Las enópatas de sexo femenino (¿contrario?), suelen mostrar los mismos síntomas, asociados a los excesos y a las alarmantes carencias, aunque algo atenuados, debido sobre todo al menor tamaño del órgano principal de la especie que es el hígado. Presentan la extraña facultad entre la raza Enópata, de ser “trilinguis” (hablan varios idiomas) o a veces más, lo que facilita las incursiones en otros países vinícolas. Se reconocen fácilmente entre ellos, aunque para el profano no es difícil identificarlos, presentan ribete marcadamente violáceo en los arcos superciliares y en el borde superior de las orejas, estas suelen ser gruesas, pentalobuladas, con el envés velludo, de gran tamaño y opacas, lo que les diferencia netamente de la raza contraria, que son los abstemios, esos seres despreciables, longilíneos, desprovistos de alegría. Tan absurdos, que se niegan el placer a sí mismos, y que muestran comúnmente rostros alargados y tristes (como escapados de un cuadro del Greco o Munch), pabellones auditivos traslúcidos y repletos de venillas azuladas.
La lengua del enópata suele ser similar a la de los Chow Chow, tanto en tamaño, rugosidad y grosor, como en su típico color azulón, aunque la lengua enópata, está dotada de una mayor cantidad de papilas gustativas y una finísima sensibilidad térmica (para un enópata, supone una grave ofensa que le sirvan un vino a mayor o menor temperatura de la adecuada). Muchas veces (sobre todo en épocas de gran escasez) su apéndice lingual se presenta en forma bífida, en ese caso, su mordedura es extremadamente venenosa. A algunos enópatas puede enseñárseles a callar, incluso son felices sin hablar, aunque al célebre subgrupo Vulpes Vulpi es materialmente imposible.
La nariz de un enópata, suele ser voluminosa aunque de buenas proporciones (algunos de ellos la tienen recubierta -interior o exteriormente- de metales nobles), y siempre andan olisqueándolo todo, como si de hambrientos lebreles se tratase, sus ojos son casi siempre brillantes, vidriosos, inquietantes y oscuros. Su cerebro es siempre de gran tamaño, aunque la mayoría de individuos tan solo lo utilizan parcialmente, teniéndolo tremendamente especializado, suelen ser monotemáticos, obsesivos y aburridos (para los no iniciados) y la palabra más pronunciada en su limitadísimo vocabulario es VINO. Dotados de una curiosidad sin límites, estos animales de presa de orden superior, son insaciables, su voracidad no conoce límites, no duermen nunca y siempre están dispuestos para el siguiente vino.
Suelen ser muy viajeros, aunque tienen limitado su horizonte a países donde se elabora vino, su único alimento, éste les nutre al mismo tiempo física y espiritualmente, por lo que no necesitan una absurda religión substitutiva. El área cerebral asociada a las relaciones sociales y al afecto humano, está seriamente dañada en los enópatas, en su cerebro afectivo, solo tiene cabida añadas, aromas, marcas y zonas vinícolas, no son capaces de apreciar realmente nada con patas, sobre todo si no contiene alcohol o polifenoles. Utilizan un lenguaje propio, una especie de esperanto, jerga común a todos ellos, aunque sean de países diferentes. Tienen marcada tendencia al arrastramiento de las palabras, sobre todo hacia el final (¿tienen final?) de sus reuniones. Algunos son mascachapas (los narices de metales), aunque de momento son minoría en casi todas las regiones vinícolas, salvo en Valencia donde los metaloides cocainómanos, ya son mayoría.
Los Enópatas suelen llevar tatuado en el glande o la vulva, un código de barras y sus “Coup de Coeur”, es decir, el nombre de todos los vinos que les han emocionado, por lo que se hace imprescindible -para formar parte de esta peculiar raza-, un voluminoso aparato reproductor. Viven intensamente, son seres honestos y para su desgracia, suelen decir lo que piensan, lo que les granjea la enemistad sistemática de los vulgares, indefinidos y gregarios, falsamente llamados por el resto de la pútrida sociedad “normales” o diplomáticos.
Curiosamente, forman una nación apátrida e independiente repartida por todo el mundo, aunque no tienen bandera, ni himno, ni ejército, los ejemplares superiores suelen ser además anarquistas, desdeñando sistemáticamente el orden establecido, el único orden que respetan es el de las botellas en una cata.
Tienen hábito de reunirse en pequeños grupúsculos, con la finalidad de beber ingentes cantidades de VINO, como hemos dicho antes, su alimento físico y espiritual favorito. Son insaciables (en muchos órdenes de la vida) y a diferencia de otras razas depredadoras, los enópatas comparten sin reparo y de buen grado, su bien más preciado, el VINO, asegurando que ello los enriquece a todos, no ven nunca el final de una buena velada y suelen ser amantes mediocres, ya que su “cabeza”, siempre está en otra parte y por “chupar”, entienden otra cosa distinta a la comúnmente requerida por sus eventuales parejas.
FALTAS:
Cualquier desviación de los criterios antes mencionados se considera como falta y la gravedad de ésta irá en función de la desviación del estándar enópata.
FALTAS ELIMINATORIAS
• Cualquier signo de agresividad después de haber tomado un buen vino.
• Trufa metálica o que gotea constantemente.
• Fumar.
• Emborracharse.
• Lengua constantemente visible, estando la boca cerrada. Especialmente si es de color rosáceo.
• Esnifar cualquier cosa que no sean los aromas del vino.
• Beber o defender el consumo de cerveza.
• Retorcimiento anómalo de la mandíbula inferior (masca-chapas).
• Mandíbula inferior que sobrepasa la mandíbula superior. Llenándose la boca de agua al llover.
• Cualquier manía asociada a los tipos de vino. “Yo soy de tintos, el mejor blanco es un tinto, a mi el champagne no me va……etc.”
• Escupir los vinos de buena calidad.
• No compartir los vinos, incluso los más valiosos.
• Jactarse ante los enopatillas de los vinos que has catado.
11 respuestas hasta ahora ↓
1 Fernando Angulo // Dic 18, 2009 a las 19:12
Grande Maestro. Seguro que Dominic te está echando la bronca ya mismo…
Por cierto, los que tengan alguna botella del Vinyes Altes Selección Miriam 2006 que lo guarde como oro en paño ya que está totalmente agotado.
2 angel // Dic 19, 2009 a las 10:11
Has llegado tarde fernando…
3 Anónimo // Dic 19, 2009 a las 12:43
Genial! troppo divertente!!!
4 angel // Dic 21, 2009 a las 11:56
Ayer por la noche tuve una de esas satisfacciones inesperadas que le alegran a uno la cena. Apertura de una botella (de esas que te han regalado hace algunos años y que has dejado medio escondida porque no te esperas nada bueno) de Gran Colegiata Reserva 1998 de Bodegas Fariña y me llevé una gratísima sorpresa. Un vino hecho al 100% con tinta de Toro, carnoso, balsámico, con un magnífico paso de boca, taninos presentes y perfectamente integrados, recuerda a especias y aparece algo de grosella y mora; en resumen, un buen vino objetivamente y muy bueno para la media de Toro.
5 Fernando Angulo // Dic 21, 2009 a las 17:39
Quería dar las gracias de forma pública a todos los asistentes a la cata de Riesling que tuvimos en Girona la mañana del pasado sábado en la que desnudamos a la uva más seductora y delicada que existe.
Y, por supuesto, muchísimas gracias también a todos los famigliares con los que compartimos una velada inolvidable durante la cena de la Famiglia en el Celler de Can Roca. Gracias por vuestra disposición y entusiasmo, gracias sencillamente por ser como sois.
Y eternamente agradecidos hemos de estar a los hermanos Roca y especialmente a Pitu por obsequiarnos por esos fantásticos vinos y por un esencial e irrepetible maridaje. Creo que nos dieron mucho, nos dieron demasiado.
Durante este 2009 que termina, hemos tratado de daros lo mejor que hemos podido conseguir, hemos intentado transmitiros nuestra mentalidad, nuestros pensamientos e ilusiones. Gracias a la Donna por compartir todos estos momentos y por ser la principal responsable de que nuestra famiglia esté cada vez más unida y de que hayamos pasado tantos buenos momentos durante este año que termina. Para el 2010, nos espera más y esperemos que mejor.
6 Fernando Angulo // Dic 21, 2009 a las 17:43
Ángel, yo también me llevé una grata sorpresa con ese Gran Colegiata cuando lo probé en una visita a la bodega hace unos cuantos años. Me gustó tanto que hasta compré una botella.
Aunque también tengo que advertir que Fariña es una bodega de poco interés para mí, demasiada homogenización.
7 angel // Dic 22, 2009 a las 22:12
Maldita envidia ….
8 txangu // Dic 22, 2009 a las 23:18
Pregunta: ¿estará igual de bueno el Gran Colegiata de 1998, pero crianza y en magnum?
9 Fernando Angulo // Dic 23, 2009 a las 14:12
Txangu, a mí el que me gustó en bodega fue el Gran Colegiata Campus, el Crianza lo recuerdo con más pena que gloria.
10 txangu // Dic 23, 2009 a las 21:20
En el mismo sitio belga tiene también el Campus de 98, a 23 luros. Alguno caerá a ver qué tal, nunca he tomado un Toro con edad.
Alberto ya dirá lo que bebimos ayer…
11 angel // Dic 24, 2009 a las 0:11
txangu, yo no he probado el crianza, pero con ese Campus del 98 igual te pasa como a mí y te llevas una agradable sorpresa (yo no lo decanté ni le dejé respirar demasiado).
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