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FRED ASTAIRE (por Emiliano)

Diciembre 5th, 2009 · 25 Comentarios

Cheek to Cheek (Fred Astaire & Ginger Rogers)

Mientras triunfa en las salas un tipo de cine de consumo rápido basado en los efectos especiales, conviene que volvamos de vez en cuando la vista a aquellos años en los que la magia del cine se buscaba por otras vías. Fue un período fascinante en el que la industria de Hollywood alcanzó su máximo apogeo a partir de unas pocas premisas: cine de géneros, star system, modelo narrativo clásico y captación permanente de los mejores talentos al servicio de las películas. Hoy vamos a detenernos en el cine musical, un género que nace con el cine sonoro y que, aunque siempre ha tenido muchos detractores que le achacan que refleja un mundo muy alejado de la realidad, también tiene apasionados seguidores que asisten fascinados a las proyecciones de esas películas en las que, al estilo del teatro musical clásico, los actores expresan sus sentimientos por medio de canciones y en las que, de vez en cuando, la acción se interrumpe para dejar paso a escenas de baile. Escenas de baile que llegaban a ser sublimes y que se convertían en el máximo punto de interés de la película cuando estaban protagonizadas por Fred Astaire.

Y de Fred Astaire voy a empezar diciendo que creo que es el mejor bailarín de la historia. Reconozco que esta afirmación puede resultar demasiado ambiciosa y que, a lo mejor, carece de fundamento, pues nunca he visto bailar a Nijinsky, ni a Nureyev, ni mucho menos a los grandes bailarines del siglo XIX. Pero como sí que he visto bailar mil veces a Fred Astaire, os puedo asegurar que me cuesta mucho trabajo pensar que haya podido haber jamás un bailarín más virtuoso que él. Fred era, además, un gran cantante, inolvidable intérprete de alguna de las melodías más bellas del siglo XX, compuestas por Irving Berlin, Cole Porter, Jerome Kern o George Gershwin, y un muy estimable actor, que protagonizó alguna de las mejores películas musicales de la historia del cine, películas diferentes y sencillas, que se realizaron sin la pretensión de ser obras maestras, pero que, muchas de ellas, han resultado serlo, porque sentaron las bases de todo el cine musical que vino después.

Frente a las innumerables películas realizadas en aquellos años y que ya están olvidadas, todas, absolutamente todas las películas de Fred Astaire permanecen en la memoria de los buenos aficionados como ejemplo de un cine que poseía una inocencia, una elegancia y un encanto que nunca podrán ser igualados. Un cine al que hay que acercarse con pocos prejuicios y con muchas ganas de disfrutar, y que está lleno de virtudes, siendo la principal de todas ellas la presencia de un hombre delgado y escasamente atractivo que cuando comienza a bailar te obliga a abrir los ojos llenos de admiración, hace que se detenga el tiempo, te arrastra a bailar con él y te atrapa en su ritmo y en su magia. Woody Allen, en esa extraordinaria película llamada “Hannah y sus hermanas”, que parece ser una declaración de amor a una ciudad pero que en realidad es una declaración de amor por la vida, en uno de esos momentos de angustia y de depresión que caracterizan a sus personajes, entra en un cine para ver “Sopa de Ganso” y, allí, intentando animarse, enumera las razones por las cuales vale la pena vivir: Groucho Marx, Mendelsohn, Cezanne, Louis Armstrong y el rostro de una bellísima mujer que al final de la película le recuerda que “debemos tener fe en las personas”. Todas son buenas razones, sí, pero a Woody se le olvidó una muy importante para hacernos desear seguir viviendo: ver otra vez a Fred Astaire bailando el “cheek to cheek”.

Y por una vez y sin que sirva de precedente, en esta sección que rinde homenaje a nuestros artistas favoritos, no vamos a seleccionar las que creemos que son sus mejores películas, sino que vamos a escoger sus mejores parejas de baile, y vamos a pedirle a Fred que, por favor, las tome de nuevo en sus brazos y las saque otra vez a bailar para nosotros.

 

1. Ginger Rogers

Ginger y Fred se reunieron por primera vez en “Volando hacia Río de Janeiro”, una agradable comedia romántica de la que hoy casi nadie recuerda quienes eran sus principales protagonistas ni su director. En cambio, sí que resulta inolvidable para todo el mundo un número musical en el que unas bailarinas hacen acrobacias en las alas de un avión en pleno vuelo y, sobre todo, una joven pareja de secundarios que acapararon todo el interés de la película: ella, una prometedora actriz muy dotada para el baile, llamada Ginger Rogers, y él, un joven bailarín con un inmenso potencial para el cine, llamado Fred Astaire.

Fue tal su éxito, que los ejecutivos de la RKO volvieron a reunirlos en la versión filmada del éxito de Broadway “La alegre divorciada”, primera de las colaboraciones de la pareja con Mark Sandrich, un director que resultó idóneo porque no buscaba su lucimiento personal sino el de la pareja protagonista, y que, además, en los momentos claves de las películas supo ser invisible detrás de la cámara, rodando los números musicales por medio de planos generales, lo que le otorgaba el protagonismo a los bailarines y, a la vez, al público, al poder dirigir éste su mirada donde prefiriera. También permitía ver continuamente los píes de los bailarines, algo que siempre exigía Fred Astaire (“o baila la cámara o bailo yo”) y que resulta imprescindible para poder apreciar toda su pericia técnica. El éxito de esta película convirtió a Rogers y Astaire en los reyes absolutos del cine musical y dio lugar a que el año siguiente se juntaran de nuevo para realizar la que es considerada por muchos la mejor película de la pareja: “Sombrero de copa”, extraordinaria comedia que muestra perfectamente todas las particularidades de su cine: estupendo guión lleno de comicidad; diálogos ingeniosos; impagables secundarios, como Eric Blore (el mayordomo), Helen Broderick (la amiga y confidente de Ginger) y Edward Everett Horton (quien siempre interpretaba al amigo rico, bondadoso y un poco tonto de Fred, y que tenía tan desarrollada su capacidad cómica que se limitó a repetir un único gag que le funcionó durante toda su carrera, y que consistía en tardar unos cuantos segundos en comprender lo que le decían, por muy disparatado o simple que esto fuese); una historia sencilla: chico conoce chica, bailan, se enamoran, el chico la pierde por culpa de un equívoco, la recupera bailando…; interpretaciones quizás un poco simples a los ojos del espectador actual, pero que buscaban la complicidad de un público más inocente; hermosas canciones que hacen progresar la historia amorosa y que constituyen el medio del que se sirve Fred para conquistar a Ginger; cine de interiores con decorados fantásticos y artificiales que escenifican gigantescas habitaciones de hotel, enormes salones de baile y ciudades de cartón construidas en los estudios; elegantes caballeros vestidos con trajes de gala y sombreros de copa; y, sobre todo, la presencia de una de las grandes parejas de la historia del cine, dos actores que se complementaban perfectamente, mezclando el genio de Astaire y la sencillez y las dotes interpretativas de Rogers, y que protagonizaron algunos de los bailes más hermosos que jamás se han visto en la pantalla: en un quiosco del parque, bajo la lluvia, mientras suena la extraordinaria canción de Irving Berlin “Isn’t this a Lovely Day”; en un escenario en el que Fred simula disparar con su bastón contra el resto de los bailarines que le acompañan en escena; un claqué en la habitación de un hotel con el que Fred pretende ayudar a Ginger a conciliar el sueño; y la maravilla de verlos bailar el “Cheek to Cheek”: ella enamorándonos con ese fantástico vestido de plumas de avestruz (“no es el vestido querida, es el ángel que lo lleva puesto”) y demostrando que sabía entender que su actuación no termina cuando empieza el baile, y él bailando con una destreza y un sentido del ritmo que resultan asombrosos. En esta película, siempre estoy ansioso porque llegue este baile y, cuando acaba, no puedo evitar rebobinar la cinta y volver a deleitarme de nuevo: “Heaven, I’m in heaven, and my heart beats so that I can hardly speak…”

Ginger y Fred, rodaron en total diez películas juntos, entre ellas “En alas de la danza”, donde la interpretación por parte de Fred de la preciosa canción de Jerome Kern, “The Way You Look Tonight”, incita a Ginger a salir del baño con el pelo enjabonado, olvidándose por completo de su aspecto; “Sigamos la flota”, con “Let’s Face the Music and Dance” de Irving Berlin; “Ritmo loco”, con “They Can’t Take That Away From Me” o “Let’s Call The Whole Thing Off” de George Gershwin. Cuando se separaron, Fred cambió de pareja y siguió interpretando musicales y Ginger continuó su carrera de actriz interpretando alguna película magnífica, como “El mayor y la menor” de Billy Wilder o “Me siento rejuvenecer” de Howard Hawks. Se volvieron a reunir en 1949 para interpretar “Vuelve a mí”, de Charles Walters. Después de esta película nunca más volvieron a coincidir. Se decía que se llevaban mal, que no se aguantaban, que cuando él decía tomato, ella decía tomatah, pero nosotros no nos lo creemos porque les hemos visto mirarse a los ojos, les hemos visto bailar.

2. Cyd Charisse

La propietaria de las piernas más legendarias de la historia del cine participó con Astaire en dos películas: “Melodías de Broadway” de Vincente Minnelli y “La bella de Moscú”, excelente musical realizado por Rouben Mamoulian, que versiona el clásico de Lubitsch, “Ninotchka”, aunque, aquí, la conversión de una comisario político, fría e insensible ante todo lo que le distraiga de sus obligaciones para con su país, de una mujer que es capaz de manifestar su atracción por su pareja diciéndole que sus facciones no le resultan del todo repulsivas, que opina que la seda debe reservarse para los paracaídas o que se pone a tomar notas en mitad de un galanteo amoroso, la conversión de esta mujer, decía, en otra muy distinta que por primera vez se deja seducir por la belleza de las cosas antes que por su utilidad, que se emociona con unas medias, con una copa de champán y con el embrujo de París, se produce entre bailes y al compás de las hermosas melodías de Cole Porter.

Resultan magníficas las escenas musicales, como aquella en la que Cyd confirma su transformación cambiándose de ropa mientras baila, desprendiéndose de las poco atractivas prendas traídas de la Unión Soviética y sustituyéndolas por otras de la última moda parisina; o la juerga inicial en la habitación del hotel, en la que Astaire convence a los comisarios políticos Ivanov, Brankov y Bibinski de que permanezcan en París, burlando las instrucciones recibidas de sus jefes y en la que participa el genial Peter Lorre bailando danzas rusas apoyado en una silla; y, sobre todo cuando Fred le declara su amor a Cyd cantándole “All of you”, una de las canciones más bonitas que recuerdo, en la que él enumera todo lo que le gusta de ella: su aspecto, su dulzura, sus ojos, sus brazos, su boca, su este, su oeste, su norte y su sur. Simplemente eso.

“Melodías de Broadway de 1955” fue realizada después de la participación de Cyd Charisse en el increíble número de ballet de “Cantando bajo la lluvia”, y para muchos (entre los que me incluyo) es uno de los mejores musicales de la historia, pues combina como ningún otro la inocencia de los musicales clásicos (representados por Busby Berkeley o por las películas juveniles del propio Fred Astaire) con un cine más maduro y más complejo. Cuenta con un guión soberbio (que podría tener ciertas notas biográficas del actor y que incluye alguna divertida parodia, como la subasta del sombrero de copa por la que nadie es capaz de pagar ni siquiera cincuenta centavos o los problemas de Astaire con la estatura de Cyd Charisse) puesto en manos de uno de los más grandes directores del cine americano, el gran Vincente Minnelli. “The Band Wagon” (título original de la película, absurdamente traducido en España) nos cuenta la historia de un bailarín y cantante cuyos días de gloria ya han pasado y que es persuadido por sus amigos para actuar en un musical de Broadway. Allí, se encuentra con una bailarina presumida, un coreógrafo despótico y un director endiosado que convierte el estreno en un auténtico fracaso. Al final, todos unidos deciden volver al espíritu inicial que inspiraba la obra e incorporan los cambios necesarios para revertir la situación y convertir el fracaso en un enorme éxito, enseñándonos, de paso, la receta del show business en el fantástico número musical “That’s Entertainment”. Además “Tiplets”, con Fred Astaire, Jack Buchanan y Nanette Fabray, bailando caracterizados cono tres bebés, “Girl Hunt Ballet”, con Cyd Charisse y su vestido rojo, y esa maravilla que es “Dancing in the Dark” con la pareja bailando de noche en el parque después de un paseo en coche de caballos. En mi opinión, es en esta extraordinaria película, en la que Fred está más convincente y conmovedor como actor.

Aunque todavía no se sabía, durante estos años se estaba viviendo el ocaso de la era dorada de los musicales y, así, la estrella de Cyd Charisse se fue apagando progresivamente hasta que se retiró del cine definitivamente en la década de los sesenta.

3. Judy Garland

Años después de homenajear a Clark Gable por su cumpleaños cantándole la canción “You Made Me Love You” mientras mira arrobada la foto del actor; después de bailar las coreografías del gran Busby Berkeley y de interpretar musicales de éxito junto a Mickey Rooney; después de seguir el camino de las baldosas amarillas acompañada de un espantapájaros sin cerebro, un hombre de hojalata sin corazón y un león sin valor; después de protagonizar el fantástico musical “Cita en San Luís”, dirigido por el que habría de ser su marido, Vincente Minelli; después de bailar con Gene Kelly en “For Me and My Gal”; después de dar a luz a la pequeña Liza; después de todo esto, la gran Judy Garland se reunió con Fred Astaire en un musical llamado “Desfile de Pascua”, dirigido por Charles Walters. La película trata de un bailarín maduro, que abandonado por su pareja de baile habitual (Ann Miller) intenta demostrarle que puede también triunfar sin ella, y, para ello, decide contratar, para sustituirla, a la primera chica que se encuentra (Judy Garland). El resto lo podéis imaginar: una luminosa fotografía en color, canciones bellísimas de Irving Berlin, como ”It only happens when I dance with you”, la cual se interpreta varias veces en la película, primero para mostrarnos el amor que siente Fred por Ann Miller, y, después, cantada por Judy, acompaña el momento en el que Fred y ella comprenden que se han enamorado; números musicales estupendos como “A Couple of Swells”, en el que aparecen ambos caracterizados de vagabundos, o ese otro en el que Fred Astaire hace locuras en una juguetería para conseguir arrebatarle a un niño un conejo de peluche. Además, elegancia a raudales y un optimismo que cautiva al espectador.

Fred y Judy no volvieron a coincidir en el cine. Iban a trabajar juntos de nuevo en “Bodas reales” (película que ha dejado para la posteridad la escena en las que Astaire baila con un perchero y aquella otra en la que el suelo se le queda pequeño y decide continuar bailando por las paredes y el techo), pero los constantes problemas de Judy con las drogas motivaron que fuese sustituida por Jane Powell.

Judy Garland aún tuvo tiempo de dejarnos alguna interpretación maravillosa antes de morir a los 47 años. Fred, después de “Desfile de Pascua”, volvió a cambiar de pareja y siguió bailando.

4. Todas las demás

Y “las demás” son, por ejemplo, Rita Hayworth, con la que Fred bailó en dos películas: “Desde aquel beso” y “Bailando nace el amor”; o Leslie Caron, la inolvidable protagonista, junto a Gene Kelly, de “Un Americano en París”, que compartió cartel con nuestro héroe en “Papaíto piernas largas”; o Paulette Goddard, musa de Chaplin en “Tiempos modernos” en “El gran dictador” y gran bailarina, como demostró junto a Fred Astaire en el musical “Al fin solos”; o Audrey Hepburn, la misma que recorrió Roma en una motocicleta conducida por Gregory Peck, la que espiaba desde un árbol las citas amorosas de William Holden en la pista de tenis de la mansión familiar, la que sedujo a Gary Cooper en un hotel de París, la que paseaba con George Peppard por la Quinta Avenida de Nueva York, la maravillosa Eliza Doolitle que podría estar bailando toda la noche y todavía desear bailar más, la mujer que comparte su vida con Albert Finney por las carreteras de Normandía, la Marian que le dijo a un Robin Hood envejecido que le amaba más que a los niños, más que a los campos que había plantado con sus propias manos, más que a la plegaria de la mañana, más que a la paz, más que a la alegría, que le amaba más que al amor, más que a la vida entera, más que a Dios, hermosa frase que refleja una historia de amor intensa, pasional y eterna, como tantas otras historias de amor que nosotros hemos descubierto en el cine y que nos han hecho amar a sus protagonistas. Perdón, que estoy perdiendo el hilo. Sólo quería decir que también nuestra amada Audrey bailó con Fred en “Una cara con ángel”, y que después de esta película, Fred Astaire, con 58 años, anunció que dejaba de bailar en el cine.

Begin The Beguine (Artie Shaw)

The End.

Y, ahora, después de repasar la carrera de este artista extraordinario, voy a poner en el tocadiscos el “Begin the beguine” de Cole Porter, voy a cerrar los ojos y, soñando con que soy Fred Astaire, me voy a dejar llevar por la música y voy a empezar a bailar. Después voy a descorchar una botella de champán para brindar por Fred, por todas sus parejas y por un estilo de cine maravilloso que jamás volverá. Y aprovechando que tengo la copa en la mano, voy a brindar también por todos aquellos que tenemos la suerte de saber disfrutarlo, porque también un poco gracias a nosotros su cine sigue vivo.

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Etiquetas: Cine · Cine según Emiliano

25 respuestas hasta ahora ↓

  • 1 angel // Dic 6, 2009 a las 11:30

    Genial post emiliano,
    Supongo que, una de las claves de sus actuaciones, es la perfecta unión de talento y esfuerzo que permite que las coreografías más difíciles parezcan sencillas de ejecutar y fluyan con una naturalidad que yo no he visto en ningún otro bailarín en el cine.
    De hecho, recuerdo haber leído que Fred Astaire generaba muchísimas tensiones en los ensayos por su afán de perfeccionismo: no era nada raro que más de uno de los bailarines (o él mismo) acabaran con los pies sangrando después de repetir un paso una docena de veces hasta que se daba por satisfecho con el resultado.
    Creo que hoy voy a ver Sombrero de Copa y, al igual que tú, brindaré con una copa de champagne por Fred Astaire y los buenos momento que me ha hecho pasar.

  • 2 Anónimo // Dic 6, 2009 a las 11:54

    Puttin on the Ritz
    Awesome! :-)

  • 3 Fernando Angulo // Dic 6, 2009 a las 14:38

    Extraordinario Emiliano, gracias por seguir enseñándonos Cine. Curiosamente ayer se me derramó el aceite en el suelo de la cocina y me sentía el mismísimo Fred Astaire.

  • 4 emiliano // Dic 6, 2009 a las 18:36

    Ángel, según he leído, parece ser cierto que Fred Astaire era un perfeccionista y un hombre obsesionado con su trabajo. En su caso, sí que se puede decir que la combinación de talento y esfuerzo dio un resultado insuperable.

  • 5 emiliano // Dic 6, 2009 a las 18:36

    Mi mujer ha leído el artículo y lo ha criticado. Intento resumir sus comentarios en tres puntos:
    1. El artículo está bien, pero te ha quedado un poco moñas.
    2. Por mucho que te empeñes no vas a conseguir que les gusten las películas de Fred Astaire.
    3. Lo de despachar a Rita en dos líneas, es para matarte.
    Coincido plenamente en los puntos 1 y 3. Con el 2, no. Creo que el mundo está lleno de jovenzuelos imberbes y de viejos barbados que están ansiosos de aprender.

  • 6 Fernando Angulo // Dic 6, 2009 a las 19:11

    Emiliano, hay que reconocer que tu señora esposa ha estado inmensa en el segundo punto.

  • 7 emiliano // Dic 6, 2009 a las 19:55

    Pues peor para vosotros, jovenzuelos imberbes y amantes de las palomitas. Si os gustan las películas de Fred, vuestra vida será mucho más agradable.

  • 8 Holden // Dic 7, 2009 a las 17:54

    A mí Fred Astaire me gusta hasta en “El Coloso en Llamas”. Y entre las no musicales, que parecen no contar con el beneplácito del autor del post, destacaría “The Notorious Landlady”, con el amigo de Emiliano, Jack, y la siempre sedutora chica del Picnic y “The Pleasure of his Company”, con Debbie Reynolds y donde si la memoria no me falla, creo que también baila; Fred, I mean. De todas formas, mi duda es si el último musical, propiamente dicho, de Fred es Silk Stockings o Funny Face.

    Oigamos la voz de los Super Tacañones.

  • 9 Holden // Dic 7, 2009 a las 17:56

    Seductora, por supuesto.

  • 10 emiliano // Dic 7, 2009 a las 18:13

    “Una cara con ángel” es posterior a “La bella de Moscú”, Holden. Aunque años después, Fred participó en otro musical, al presentar con Gene Kelly las dos partes de “That’s Entertainment”.
    Del Fred post musical, yo destacaría una estupenda película de Stanley Kramer llamada “La hora final”, que trata sobre el fin del mundo y tal y tal.
    La que dices de Debbie Reynolds, no la conozco.

  • 11 Holden // Dic 7, 2009 a las 18:27

    On th Beach. La he visto, pero no me acuerdo. :)

  • 12 emiliano // Dic 7, 2009 a las 18:59

    Al hilo del amable comentario anónimo, una curiosidad: Clark Gable Puttin’ on the Ritz

  • 13 Fernando Angulo // Dic 7, 2009 a las 20:34

    Emiliano, mi vida es mucho más agradable desde que conozco a Fred Astaire, también lo es desde que os conozco a ti y a Holden.

  • 14 Holden // Dic 7, 2009 a las 20:39

    Todos juntos:

    We are the world, We are the children…

  • 15 Holden // Dic 7, 2009 a las 20:40

    Y la mía también, claro. Y además más divertida.

  • 16 emiliano // Dic 8, 2009 a las 17:16

    Al hilo del amable comentario anónimo (Part 2), una curiosidad: Frankenstein Junior, Puttin’ on the Ritz

  • 17 emiliano // Dic 8, 2009 a las 17:21

    Y ya para terminar (Part 3): Fred Puttin’ on the Ritz

  • 18 Anónimo // Dic 9, 2009 a las 13:29

    Clark Gable “idiot’s delight” 1939
    Gene Wilder and Peter Boyle “young Frankenstein” 1974
    * wikipedia…tengo problemas de memoria…

    “Dressed up like a million dollar trouper trying hard to look like Gary Cooper
    Super-duper

  • 19 Diego Magaña // Dic 9, 2009 a las 17:33

    Hola Fernando.. te escribo debido a que me esta intrigando cada dia mas el mundo del champange (para mi desconocido), y quiero saber, por favor, todos los pueblos de champange que producen Grand Cru..
    de paso saludo a todas las pequeñas piezas que componen este blog ya que es la primera vez que escribo en el..( no será la última)

  • 20 Alejandro // Dic 9, 2009 a las 18:09

    Buenas tardes:

    Os quería pedir consejo para sacar el máximo provecho a la selección de rieslings de octubre, respecto a temperaura ideal, alimentos con los que combinarlos, necesidad o no de abrir la botella con cierta antelación,…

    Dicha selección, para los Uomini d’Onore era:

    -P.J. Kühn “Quarzit“ Riesling 2006 (Rheingau)

    -Dönnhoff Felsenberg Riesling Spätlese 2003 (Nahe)

    -Grans-Fassian Apotheke Riesling Auslese 1999 (Mosel)

    También agradecería sugerencias para la selección especial de Champagnes de diciembre:

    -Claude Cazals Millésime 2000 (Le Mesnil sur Oger)

    -Coutier Henri III Millésime 2000 (Ambonnay)

    -David Léclapart l’Apôtre Millésime 2004 (Trepail)

    Gracias por anticipado!!!

  • 21 Fernando Angulo // Dic 9, 2009 a las 19:01

    Estimado hermano Diego,

    Muchas gracias por escribir en este modesto blog, como bien dices esperamos que no sea la última vez que lo haces. Para los que tengan dudas a la hora de la elaboración de vinos, el porqué de los aromas, subidas o bajadas de acidez, influencias de las añadas en los vinos, etcétera, que no dude en preguntarle al Sr. Magaña porque me atrevería a afirmar que con su edad nadie sabe de vinos tanto como él en este país.

    Me alegro de que le vayas cogiendo el hilo al mundo champegnoise, tienes que analizar cada uno de los Champagnes de una manera pormenorizada, son vinos de matices, de detalles, de compartir y, en general, de disfrute.

    En primer lugar, habría que aclarar que para que un Champagne esté catalogado con Grand Cru, el 100% de las uvas con la que se haya elaborado, debe proceder de viñedos situados en uno de los 17 pueblos calificados como tal. Son los siguientes:

    Ambonnay
    Avize
    Aÿ
    Beaumont-sur-Vesle
    Bouzy
    Chouilly
    Cramant
    Louvois
    Mailly
    Le Mesnil-sur-Oger
    Oger
    Oiry
    Puisieulx
    Sillery
    Tours-sur-Marne
    Verzenay
    Verzy

  • 22 txangu // Dic 9, 2009 a las 19:06

    Diego, a mi me gustaría preguntarte si tienes distribución en Bélgica, que en vuestra web no lo encuentro…

  • 23 Fernando Angulo // Dic 10, 2009 a las 2:44

    Alejandro, muchas gracias por tu interés.

    El P.J. Kühn “Quarzit“ Riesling 2006 yo lo sacaría un pelín más frío de la cuenta (5 o 6º C) e iría viendo su evolución en la copa. Lo tomaría con sashimi.

    Dönnhoff Felsenberg Riesling Spätlese 2003. Lo abriría en el aperitivo (8º C) combinándolo con un Morbier y terminaría con él en los postres con un Saint Felicien tomándolo un poquito menos frío.

    El Grans-Fassian Apotheke Riesling Auslese 1999 lo tomaría en una sobremesa tras una cena muy suave, y aguantándolo mientras ves una película, Al Rojo Vivo por ejemplo.

    En cuanto a los Champagnes, los explicaré en el artículo de la selección, te doy un adelanto:

    Claude Cazals Millésime 2000: “Elegante, sutil, armónico, productor que me resulta perfecto para el aperitivo”.

    Coutier Henri III Millésime 2001. “Fino y redondo, oxidativo, con una floralidad muy suave, de seda; frutas rojas creciente en un otoñal repleto de edulis y amanitas”.

    David Léclapart l’Apôtre Millésime 2004: “Katherine Hepburn envuelta en una locura celestial, la burbuja, más fina que existe, la seducción de los tostados más intensos, el Champagne para la memoria del recuerdo”.

    Sobre todo, te recomendaría que no los tomaras muy fríos y que uses unas copas adecuadas, no habría peor asesinato para estos Champagnes que beberlos de cualquier manera, ninguno de los viticultores que los hacen se lo merecen.

  • 24 Diego Magaña // Dic 10, 2009 a las 10:06

    Gracias Fernando.. Txangu: en belgica estamos con Amor vini en bruselas y en un pueblo llamado Deurne en una tienda desde hace mucho tiempo llamada Puerta del sol.. estamos en bastantes paises y la verdad es que estamos haciendo una pagina web y me acabas de dar una idea de un nuevo apartado.. gracias.. ;-)

  • 25 txangu // Dic 10, 2009 a las 12:16

    Gracias Diego, por allí me pasaré.
    Efectivamente, mlos expatriados siempre buscamos lo que nos gusta (y a los de aquí les viene bien saber dónde encontrar un producto y quien lo distribuye, caramba)

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